Febrero 1,2006.
Por primera vez tenía la posibilidad de pisar territorios que no fueran de soberanía chilena. Comenzaba el viaje (vía terrestre) que me llevaría a una de las ciudades más publicitadas por los chilenos: La gran Mendoza, en la Argentina (nótese que el adjetivo
gran es para distinguirla de la provincia de mendoza, tal como usamos el gran santiago para distinguirlo de la comuna). Argentina, cuna de Gardel, Maradona y de la notable serie
Alejo y Valentina.
Luego de un trayecto con algunas
escalas y en donde las vías se encontraban en un estado bastante deplorable, llegamos a la aduana, donde tuve que esperar un buen tiempo para que mi trasero atravesara la frontera.
Uspallata se llamaba la primera localidad donde llegamos. Queda a unos 100km de Mendoza, nuevamente, nos encontrabamos en un camino bastante malo y mal señalizado, aunque al menos no existían los peajes ni el aborrecible invento del tag.
Al llegar a Mendoza, nos vimos rodeados de tipos en bicicleta promoviendo lugares de hospedaje, cuales buitres sobre un cadáver. Preferimos buscar alternativas algo más seguras en la oficina de turismo.
La primera impresión que uno tiene al recorrer la ciudad es que la actividad económica está bastante desarrollada. Un buen detalle es que gran parte de las calles están repletas de árboles, lo cual origina efectos visuales distintos en el día y en la noche. Particularmente es agradable recorrer las calles en la noche, donde la combinación de las luminarias de los comercios y la iluminación de las calles da una sensación bastante agradable.
En la noche visité la Plaza Independencia, la cual es cuatro veces más grande que cualquier plaza de armas chilenas, simplemente porque su área es de 4 manzanas cuadradas. Se daba lugar a una feria de artesanía y algunos espectáculos al aire libre (las mismas huevadas que en Chile, nada nuevo), lo que hace pensar que el neo-hippismo es una corriente importante en Argentina.
La noche la pasé en un
hostel, un cruce semántico poco ingenioso pero bien logrado entre hotel y hospedería. El calor húmedo se elevaba sobre los 30° a la medianoche. El persistente zumbido del ventilador del techo hacía la existencia insoportable. Pero el cansancio acumulado era tanto, que fue posible una tregua fisiológica y así dormir algunas horas.
Al otro día, luego de cambiar el auto de estacionamiento y abandonar el
hostel, fuimos a cotizar precios de instrumental odontológico aprovechando las bondades del cambio. Una hora después, al regresar, comprobamos que la chapa de la maletera había sido violentada, y que todo el equipaje había desaparecido. No todo podía ser tan bueno para ser verdad.
El almuerzo fue en una parada de camioneros. Nunca había entrado a una, de todas maneras no distaba de lo que imaginaba: coma-todo-lo-que-pueda-por-9-pesos (algo así como $1700). Era una versión más hardcore del siempre bien ponderado
festín a la romana (donde debería haber baldes para desalojar el estómago, si queremos ser fieles a la tradición). Pese a que la mayoría de los comensales del
buffet eran moscas, en el lugar nadie pasaba hambre, que era lo que importaba al fin y al cabo.
El momento más irónico de la jornada fue en la revisión aduanera:
-Señores, permítanme revisar sus maletasLa situación era patética e hilarante. A esas alturas sólo restaba reírse un rato, de todas maneras no había perdido tanto. Del tipo de sátriras de Michael Moore en
The Awful Truth o Tom Green en su especial sobre el cáncer.
A las 21:00 horas, y previo paso al santuario de Los Andes (no por una necesidad religiosa, más bien biológica) estaba ya en casa. El viaje había terminado.
Ha pasado harto tiempo... parece que lo pasaste bien en mendoza... al menos tuviste la posibilidad de salir de tu casa en las vacaciones... mis salidas se limitan a ir a la casa de mi pololo en Valpo... caminar por Viña en la tarde y dormir en mi casa :D además de estudiar...
ayer viendo el partido de la copa davis me pregunté si habrias estado por ahi...
en fin... espero me escribas para saber algo más de tí...
un abrazo