
Siempre que salgo de mi casa veo a una señora de avanzada edad mendigando, que no llega al metro y medio de estatura, siempre muy abrigada.
"Me puede ayudar con una moneda por favor", implora con su voz gastada, mientras avanza lentamente ante la muchedumbre de las ferias libres o del centro de la ciudad. Si no está pidiendo dinero se fuma un cigarro, probablemente para mitigar en cierta forma la brutal carencia alimenticia que le demanda su estilo de vida.
Siempre que veo a esta señora me formulo algunas preguntas, ¿Vale la pena tanto dolor y sufrimiento?, ¿por qué no terminar de una vez con esto?. Si bien estas dudas parecen muy frescas de raja debo confesar que últimamente, le tengo poco aprecio a la vida(ajena).
Una vez un profesor nos explicó que la mendicidad es, básicamente, una condición mental que indica que las personas se han "extraviado a sí mismos". Desde ese punto de vista, el cuadro parece ser algo más coherente, si agregamos eso a todos los años de abandono, hambre, frío y la senilidad propia de la edad de la persona en cuestión.
Supongo que la próxima vez que pase a gente que vive de las limosnas, aquellas dudas surjan de nuevo. Lo único que podría cambiar es que esta vez coolabore con algunas monedas.
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